Su última tarde

Pasó sobre la barandilla del balcón de nuestro dormitorio y se quedó mirándola. Puedo jurarlo. Aquel gato se detuvo, con elegancia, y sin emitir el más mínimo sonido la miró, durante un instante, quizá más tiempo, no podría decir cuánto. Todos los que estábamos alrededor de la cama en la Leer más…