Lugares Pequeños.

Los lugares pequeños eran sus preferidos. Las buhardillas, los huecos bajo las escaleras, los coches de dos puertas y los ascensores. Se sentía protegida cuando tenía la espalda pegada a una pared y el resto del mundo frente a ella, cuando nada podía rodearla. Dormía boca arriba y se bañaba en lugar de ducharse, nunca bailaba, ni corría, y si tenía que caminar lo hacía cerca de la pared para poder apoyarse en ella en caso de necesidad. Su madre siempre le decía que era como un oso grizzli, rascándose la espalda contra los árboles, su madre debería ver menos la televisión, sobre todo los documentales sobre osos. Nunca se había bañado en el mar, no podría, ni había estado en la playa, los lugares abiertos le estaban vedados, no iba al cine si no podía estar en la última fila de asientos y se sentaba siempre en la parte de atrás de los taxis. Ascensión hacía todo esto y mucho más por qué tenía un agujero enorme, un túnel que le llegaba desde la espalda hasta el pecho y por el que, una vez, hacía ya mucho tiempo, habían intentado arrancarle el corazón, dejando sólo un pedazo dentro, un trozo minúsculo que temía le robaran de nuevo por la espalda.

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