Necesidades.

La gente necesita esperanza. La esperanza es la única manera de ganar el futuro, el único modo de encontrar un sentido al sacrificio, sin esperanza no hay futuro, y sin futuro no hay esperanza. Es algo que, al día de hoy, pocos son capaces de transmitir. Nos debemos todos a todos, cada uno a si mismo, una dosis importante de esperanza, para poder sobrellevar esta absurda y monótona pérdida diaria en la que se ha convertido esta lucha contra la pérdida establecida.

La ilusión se ha convertido en un artículo de lujo, nos han alimentado con inquietud, con miedo y han perseverado en la amenazada como base para la negociación, nos han convertido en carnaza para tiburones y, lo peor de todo, nos han dejado sin esperanza. La falta de un objetivo limpio a futuro, la ausencia de una ambición neutra, el sentirnos castrados por desear tan solo una vida autosuficiente y en la que podamos decidir nuestro propio destino, nos lleva a un callejón sin salida, y ya sabemos todos que “las revoluciones comienzan siempre en los callejones sin salida”. Nadie deseaba revolverse, no pensábamos que todo era un engaño, no queríamos pensarlo, pero ahora, cuando hemos perdido la inocencia, cuando nos la han robado, ahora que hemos visto en primera persona en lo que nos han convertido, ha llegado el momento de reclamar, reclamar nuestra esperanza, la esperanza a la que teníamos derecho, la ilusión que habíamos alimentado y que hemos tenido que sacrificar por el exceso de ambición ya la absurda prepotencia de unos pocos, que nos han arrastrado por el fango y nos han lastrado el futuro que soñamos y que ahora no podemos ni imaginar.

Ha llegado el momento de reclamar, reclamar a aquellos a los que  cedimos los bastones de mando, los que confundieron dirigir con decidir, los que se pensaron lo bastante buenos para dar la espalda a los que decidimos que estuvieran allí.

Necesitamos esperanza, necesitamos futuro. Y con este presente no tenemos ninguna de las dos cosas.

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