Frio

Todavía no era temprano cuando volvía a casa, aunque el frío de una helada inminente le hacía apretar el paso. Conforme se alejaba del centro cada vez las calles se encontraban más desiertas hasta llegar un punto que se sentía el único ser vivo, al menos despierto, de aquella ciudad que dormitaba plácidamente. El vaho de su respiración empañaba sus gafas creando estrellas en las luces de las farolas amarillentas, las orejas comenzaban casi a doler y pese a que llevaba las manos enguantadas tenía los dedos adormilados, y las ganas de llegar a casa se hacían fuertes por momentos en su mente, algo algodonada por el alcohol. Un eco le sorprendió, un taconeo rápido e incesante que procedía unos pasos por delante de él, entonces se percató de la presencia de una chica que, arrebujada como podía en su corto abrigo también caminaba en su misma dirección. Como tenía por costumbre cruzó la calle para no asustarla, justo cuando ella también cruzaba, así que detuvo sus pasos y volvió sobre ellos. Ella, quizá pensando que la seguía, hizo lo mismo, de modo que ambos se detuvieron de nuevo en medio de la calle sin saber qué hacer. Él pensó esperar a que ella tomara una dirección para ir en dirección contraria, pero parece que ella también había tomado esa decisión, así que los dos continuaban parados en el centro de la calle sin saber qué hacer. Un poco a la desesperada decidió hablar con ella, aunque intuía que echaría a correr en cualquier momento, perdona, ¿por qué?, no quería asustarte y he querido cambiar de acera pero lo he hecho justo al mismo tiempo que tú, no sé si creerte, me da la impresión de que lo has hecho justo después que yo para seguirme, voy a gritar si te acercas un paso más, sería lógico, pero tranquila, dime en qué dirección vas para yo tomar otra, claro, y así puedes seguirme, llevas razón, lo haremos al contrario, yo voy por esta calle recto hasta el parque del ángel que es la zona donde vivo, así que voy a seguir caminando por la parte izquierda hasta allí, vale, yo iré por la parte derecha. Desconfiaba, era normal, desgraciadamente era normal, en la sociedad teóricamente avanzada en la que nos pensamos, una chica no puede ir sola por la calle sin tener miedo de ser atacada y los hombres, con presunción de culpabilidad, seguimos teniendo monstruos dentro que sólo se aplacan con educación y cultura, con sensibilidad y empatía, con respeto e igualdad, así que continuó su camino andando un poco más despacio que ella para que la distancia aumentara y el miedo disminuyera en lo posible.

Ensimismado como iba todavía pensando en el último requiebro de la noche, en el último baile, en la última copa no se percató de que ella se había detenido y temblaba en la otra acera, perdona, se dirigió a él, ¿por qué?, mira, esto te va a parecer muy raro, pero estoy helada de frío, me duelen los pies y tengo una urgentísima necesidad de ir al baño, sé que es muy raro, y que antes casi te acuso de perseguirme, pero dices que vives aquí cerca, ¿podría subir un momento a tu casa para entrar al baño y entrar en calor un minutito?, no sé si vives con más gente, no sé, pero es que estoy helada, créeme que yo misma sé que esto es un disparate, pero pareces buena gente, no sé, y yo tengo un frío que me llega a los huesos y mi casa está algo lejos… vale, nada, tranquila, vamos, es aquí mismo.

Continuaron andando, ahora juntos pero separados, sin hablar demasiado. Se fijó en ella, vestía un abrigo corto debajo del cual se adivinaba un vestido por encima de la rodilla y unas medias oscuras. Calzaba unos zapatos de salón que no por bonitos serían cómodos y caminaba abrazada a sí misma intentando entrar en calor, algo que la gélida noche impedía. Llegaron al portal, él abrió la puerta y ella dudó unos segundos. Vivo sólo, me llamo Julián, si quieres te dejo mi DNI, le haces una foto y se la envías a alguna amiga, no sé, por tu seguridad, no creas que yo dejo tampoco que todo el mundo suba a casa, algo de miedo también das, no hace falta, he sido yo la que te he pedido venir, pero espero no te montes ninguna película ni pienses lo que no es, sólo necesito entrar al baño y que se me quite un poco este frío, de acuerdo, está claro, tranquila. Subieron, en el ascensor ella ya parecía más calmada, quizá el frío comenzaba a remitir, llegaron al piso y abrió la puerta, el baño está al fondo, el taconeo se convirtió en una carrera desesperada, dejando abrigo y bolso en el camino, te los cuelgo en la percha de la entrada, le dijo a través de la puerta, y se dirigió él al baño que tenía en su habitación. Al salir ella estaba sentada en el sofá, todavía algo temblorosa, no te he oído salir, ya, es que me he quitado los zapatos, me estaban matando, ¿te importa si me siento un momento aquí?, no, que va, en absoluto, ¿Quieres algo caliente, un vaso de leche, una infusión?, un vaso de leche estaría bien. Calentó en el microondas un poco de leche, le puso una servilleta al lado del vaso y este sobre una bandeja y lo llevó al salón. Ella se había quedado dormida en el sofá, hecha un ovillo. Con cuidado cogió una mata y se la puso por encima, apagó la luz y se fue a la cama, él también estaba cansado y todavía tenía frío.

Cuando despertó ella ya no estaba, no faltaba nada, todo parecía estar bien, salvo la sensación extraña de que, quizá, aquello sólo había sido un sueño.

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