Sarao

Dado el cariz que estaba tomando aquella conversación decidió alejarse de puntillas del grupo caminando hacia atrás, con las manos como un Tiranosaurio, un ligero silbido en los labios y los ojos mirando al techo. Quizá en otras circunstancias le habría funcionado, pero en una conversación a dos aquella estrategia falló estrepitosamente. ¿Dónde te crees que vas?, ¿al baño?, la cara de reproche y enfado le dio pistas sobre la validez de la respuesta, así que, arrinconado y sin escapatoria intentó una nueva táctica, sonrió, ladeo ligeramente la cabeza y encogió lo hombros en señal de pregunta afirmativa… ¿no?, vale, piensa un chiste, piensa un chiste, ¿qué le dice…?, ¡cómo se te ocurra contarme un chiste hago las maletas y no me ves más en la vida, Fernando!. Se quedó inmóvil, con la boca a medio abrir, y ante la perspectiva aciaga de perder a su Puri bajó los brazos, tiró la toalla, literalmente encima de la cama pues acababa de ducharse, y puso cara de resignación. Nena, ¡nada de nena que te conozco!, Maripuri mujer, ahora no te me pongas ñoño Fernando que nos conocemos, cielo si tú sabes que eres lo más importante para mí, que te quiero más que a un cocido montañés, que me chupo los dedos después de acariciarte de lo rica que me estás, Fernando no me líes, que no me duermo si no te abrazo, cosita, ya ya pero no cambies de conversación ¿viene o no viene tu madre a casa a pasar la navidad?. De repente estaban de nuevo al principio.

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