Motín

Cuando la razón tomó las riendas el miedo escapó por la ventana. La esperanza observó tímidamente, pero la cautela era más fuerte y, junto a la desconfianza, empezaron a alimentar a la duda hasta que, de tanto crecer, se creyó certeza y se pensó bastante para luchar. En la liza entró también la pena, que se había ocultado tras el dolor todo este tiempo y que siempre había sido enemiga acérrima de la razón y la esperanza, armada con medias verdades despertó a la culpa, y la culpa, que no se atiene a razones, derribó las murallas de la calma aniquilando a la confianza y plantando la semilla de la tristeza que germinó de inmediato floreciendo en dudas y temores. Las espinas se clavaron en la razón hasta exterminarla y de nuevo el miedo entró por la puerta principal, agradeciendo a su espía, la fragilidad, que hubiera permitido su retorno. Y así, de nuevo, el miedo tomó el timón.

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