A few days.

Algunos días es tan sólo un eco lejano, tal que un rumor quedo y ya amortiguado por el tiempo que endulza suavemente las largas tardes de primavera. En cambio otros es un atronador y doloroso recuerdo que se filtra por cada rendija y tapona los respiraderos del alma, ahogando las esperanzas, los deseos y empañando cualquier futuro. Cuanto más presente el pasado menos deseos de futuro, como el dolor imaginario de un miembro amputado así es el dolor por el amor perdido, por la persona que marchitó en primavera, por el recuerdo de días felices que no volverán. Y la vida se transforma en caminar sobre mares de barro, en tempestades con las velas rotas, en sembrar sobre tierra yerma, en sal sobre las heridas, se convierte en un deambular apagado por las horas de un reloj sin agujas de la mano del recuerdo que no cesa y que embiste con tristeza una y otra vez cualquier esperanza de volver a la senda que abandoné cayendo por el terraplén. Una gota llena un vaso, una lágrima un mar, un recuerdo una vida, y las sombras de lo que fue oscurecen los días que caen como hojas en otoño, marchitando. Es tan dulce el sabor de la melancolía que el amargo recuerdo de la pérdida se amortigua y se pierde.

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