Las edades del puerto

Publicado por garvidal en

“Las edades del puerto” ya es una realidad. Después de más de dos años de desarrollo, escritura, corrección y maquetación, finalmente la historia de Nora, Roberto y Pedro ha podido ver la luz.

El origen de esta novela hay que buscarlo en un cuadro, un pequeño cuadro que estaba colgado tras la puerta de nuestra casa de la playa. En él había tres niños, abrazados, y el puerto al fondo. No era una gran pintura, ni demasiado bonita, pero me obsesionó de algún modo el saber quienes eran aquellos tres niños y que habría sido de ellos. Y escribí un cuento, pequeño, algo absurdo, sin más intención que contar una historia mínima sobre la niña del cuadro, a la que llamé Nora. El microrrelato se titulaba “El vestido de Nora”.

Durante muchos años estuve pensando en esa historia. Comencé a escribirla una docena de veces, pero no fluía. El comienzo siempre era el mismo: Roberto vuelve al pueblo de su niñez tras una pérdida en su vida que necesita superar y allí va redescubriendo toda su infancia. Pero ahí se terminaba todo. Así que la abandoné. Abandoné a Nora, a Pedro y a Roberto en algún disco duro de un viejo ordenador.

Hace poco más de dos años recuperé ese disco duro buscando no recuerdo bien qué. Y allí estaban ellos. Esperándome. Y esta vez fue distinto, esta vez había una historia que debía contar y que se fue forjando poco a poco. Incluso tuve la sensación de ser, un muchas ocasiones, un mero transmisor de algo que escapaba a mi control, como si la novela se escribiera sola. Planificaba momentos y situaciones que, al ser transcritos, tomaban otra dirección. Incluso las voces de los personajes fueron cambiando. Algunos de ellos crecieron mucho en la novela y otros se fueron diluyendo. Y, finalmente, la narración se cerró sobre sí misma y ahí me quedé yo, mirando, como si todo aquello hubiera sido un torrente que había dejado de fluir.

Los más cercanos pensarán que la historia de Roberto es reflejo de la mía propia. Obviamente uno escribe de lo que sabe y vive. Sin embargo ese comienzo siempre estuvo ahí, muchos años antes de que me pasara también a mí. Parece que, en este caso, fue la ficción la que se hizo realidad y no al contrario.

Y ahora les toca volar. Ahora es ya momento de que la historia de Nora, Roberto y Pedro deje de pertenecerme y pase a ser de otros, que la vivirán de un modo distinto y pasará a ser en parte suya. Ya me parece añorarlos, pero es ley de vida que los hijos abandonen el nido. Espero de veras que el libro os guste o, al menos, os haga sentir algo de lo que yo he sentido al escribirlo. Creo que cuando uno se entrega, aunque el envoltorio no sea perfecto, expone su corazón en ello y eso se percibe en cada parte de su historia, de la que ya es nuestra historia.


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