Dolores

Publicado por garvidal en

Dolores sentía que la última persona que había habitado su pecho se había llevado con ella toda su capacidad de amar cuando se marchó. Desde ese instante, los latidos de su corazón eran tan solo el eco de una gota en un desván, desacompasada y triste, y su corazón pendía de telarañas que atrapaban recuerdos ya marchitos. Ella era, en sí misma, el inmenso espacio en que no estás, la negra soledad que alicataba con tristezas su interior, teselas de penas que otrora brillaban en sonrisas y ahora tan solo oscurecían la cueva fría en la que moraba su alma temblorosa. Dolores se sentía apagar cada día sin un sol que calentara su despertar, con el olor del almizcle seco que segregaba su deambular sin rumbo. El mundo se derrumbaba a su alrededor, dejándola morar tan solo entre las ruinas de pasados más amables, y de esos recuerdos agarrada intentaba flotar en la superficie de un río helado cuya corriente la arrastraba. Su tiempo eran instantes repetidos, monótonos pasos ya dados en caminos que volvían sobre sí mismos, espejos que la devolvían una y otra vez al presente en el que estaba presa. En las esquinas del desamor la tristeza alimenta las almas nobles de los perdedores. Dolores era la pérdida de la esperanza y, en su pena, tan sólo florecían días oscuros.

Categorías: Microrelato

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