Descalza

Publicado por garvidal en

Aparcó frente a la playa y decidió que el mar sería su aliado. Descalza, sintiendo la arena fría de enero bajo sus pies, caminó hasta la orilla y, como un bautismo invernal, continuó andando hasta que el agua helada cubrió sus hombros y comenzó a besar sus labios. Su ropa, mojada, la lastraba y el mar, calmo, la acogía entre sus brazos arrastrándola con suavidad hacia él, como el canto de una sirena. Se dejó llevar cuando todo su cuerpo comenzó a adormilarse vencido por el frío y, acunada por el escaso oleaje, cerró sus ojos y se dispuso a dormir para siempre.

Despertó aterida sobre la arena que, pegajosa, le cubría el rostro. Sus zapatos todavía estaban allí, como si continuaran esperándola mirando al mar y el coche, con la puerta abierta, le sirvió de refugio tras caminar hasta él como un espectro blanquecino. Arrancó el motor y puso a tope la calefacción mientras frotaba sus brazos, intentando entrar en calor. Y entonces miró al mar, a su mar, al amigo que había decidido devolverla a la vida. Había sido más consciente que ella de la estupidez cometida y la había reintegrado al mundo que ella había abandonado. Y se sintió libre, libre se seguir con vida, de seguir viviendo, liberada de una carga estéril que, en realidad, nunca había sido tan pesada, que había conseguido hundirla pero que, ahora, se le antojaba tan solo una sombra del pasado. Aun así sabía que volvería, la oscuridad siempre vuelve, y que ella debería estar preparada para afrontarla. No lo haría sola esta vez, el mar había sido su primer adalid, ahora pediría ayuda a otros. Y se marchó de la playa, bañada esta vez de una luz que antes no había sabido ver en ella misma.  

Categorías: Microrelato

0 comentarios

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.