Maletas

Publicado por garvidal en

Gritaba al teléfono con la desesperanza de quien grita al cielo una noche de otoño, con la voz rota y el alma derramándose por su mirada como la luz de una bombilla que tilda en la oscuridad de un sótano. Allí, sentada junto a las maletas en las que llevaba todo lo que quedaba con sentido de su vida, llenas de vestidos viejos, zapatos gastados y algunos libros que, pese a que no volvería a leer nunca abandonaría, allí gritaba al teléfono pidiendo un auxilio que, quizá, no merecía, una última oportunidad, un duelo final contra la mala suerte que había impregnado su vida desde que tenía memoria. Sabía que era un lance a la desesperada, un brindis al sol con cicuta, un baile al borde del precipicio al que llevaba asomada una eternidad. “Mamá, tienes que apoyarme, eres mi madre”, le decía a aquel aparato que guardaba silencio en su mano, “!mamá, mamá, por favor, necesito tu apoyo!”, le gritaba, mientras por dentro se desgarraba como una gasa vieja, mientras los recuerdos de sus actos, de sus huidas la perseguían burlona diciéndole “lo mereces, lo mereces”, pero era su último salvavidas, la cuerda que le impedía caer de nuevo al un pozo del que, esta vez, no sabía si podría salir, “¡tienes que apoyarme, mamá, te necesito!”, le gritaba su mente, pero por mucho que quería decirle lo que la quería, lo que la necesitaba, lo mucho que siempre la había necesitado, de su boca tan solo surgía una imposición, exigiendo el pago de una deuda por ser madre a la que ya no tenía derecho, “eres mi madre”, le decía entre lágrimas, y tan solo un silencio tenso recibía desde el teléfono, un eco de aquella que un día le curó sus heridas y a la que abandonó una y otra vez, un respirar nervioso de la que ya no sabía si podía perdonarla, si, después de tanto, después de tantos, estaba dispuesta de nuevo a que le arrancaran el corazón. Y allí, se quedó, junto a sus maletas, derrotada, viendo pasar a personas sin rostro que perderían su recuerdo como ella misma se había perdido tiempo atrás. Y se apagó.

Categorías: Microrelato

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