Él

Publicado por garvidal en

Decían de él que era como un siluro en un lago de montaña, todos sabían que estaba allí, pero nadie había sido capaz de verlo, tan solo su silueta contra el agua, el rastro sobre la superficie espejada, el chapoteo casual cerca de alguna orilla. Así era él. Lo llamaban con mil nombres, le atribuían mil rostros y contaban sus historias las noches de invierno frente a la chimenea. Si todas fueran reales aquel hombre habría vivido un millón de años, pero las leyendas han de ser así, inconcretas e imposibles. Algunos quisieron ver en él a un santo, otros a un demonio, el caminante perpetuo en busca de un hogar perdido que auxiliaba a cuantos encontraba en su deambular por el mundo. Cada vez que alguien encontró una luz, contaron que fue la suya, cada vez que perdieron la esperanza la encontraron en su memoria y, poco a poco, construyeron un templo en su nombre en el que lo adoraron, aunque nadie lo había visto nunca. En realidad, ni tan siquiera existía. Un hombre comenzó el camino, ayudando a otro. Éste, recordando al primero, hizo lo propio con un semejante. Y así, gota a gota, se llenó un océano al que los hombres, precisados de milagros y esperanzas, llamaron Dios. Decían de él que era como el sabor de los labios de los primeros besos, como las primeras cerezas dulces del verano, un recuerdo crecido en la tristeza de la vejez y el miedo. 

Categorías: Microrelato

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