Tango

El quebrado llanto de una acordeón voceaba un tango en la plaza del salvador, fluyendo desde un callejón adormecido que daba franco paso a la plaza del Teatro, lleno de historias amargas, como la voz misma rasgada en tango de aquella mañana calurosa de Junio, blanca como las velas de un bergantín recién fletado, calurosa como una tarde de siesta, tranquila como los ojos de un niño adormilado. Los pasos de Antonio se perdían entre las bandadas de palomas que manchaban de blanco el suelo de la plaza, con pinceladas en blanco y negro que refulgían al sol inmisericorde, restregando los ojos de los madrugadores como un despertador silencioso. Las sombras que se movían a su alrededor eran, tan solo, espectros vespertinos que redimían sus culpas al flagelo de la mañana, vestidos de linos y sedas, evitando la luz abrasadora de las mañanas de los miércoles. El puesto de flores que se erigía en el centro de la plaza se marchitaba al paso de los viandantes, escondidos los borbotones de jazmines entre las rosas ensangrentadas de intenso rojo y los tulipanes que miraban, siempre por encima del hombro, al resto de las plantas entre las sombras. Algunas mujeres, más sombrías que el resto, rogaban una limosna entregando al aire sus súplicas y mostrando fotografías que les eran tan extrañas como a Antonio, que seguía su deambular entre las afiladas cumbres de su pensamiento, perdido en una plaza, tanto como en su mente, como en su alma, varado su pesar en el puerto lejano de recuerdos que, hoy, lo deslumbraban más que el sol de la mañana.

Sentía arder su tiempo, consumiéndose como la mecha de un cartucho mojado, destino frío al que caminaba somnoliento entre las brumas de su propia mirada, entre las sombras austeras y miserables que poblaban su mañana, sudoroso, entre el almíbar de unos besos que añoraba y recordaba ya lejanos, entre la bamboleante sensación de estar perdido entre el tiempo y el espacio, buscando restos de los abrazos que recibía antaño, regalados por ojos dulces que lo miraban cerca, muy cerca, entrecerradas sonrisas que recordaba pegadas a sus labios y manos acariciando su espalda en búsqueda de los tesoros cadenciosos de la noche. Pero la luz lo cegaba en al mañana, la soledad que lo perseguía acogida en su propia sombra, le susurraba los recuerdos de noches cercanas, para que su mente, de por sí recatada en la mañana, volara como una bruma de vapor de sueños.

Al fondo de la calle, la verdad cruel de un cristal, le devolvió su imagen, como lacerante reflejo de un desconocido, intentó verse en ese cuerpo en soledad, pero le faltaba la parte de su alma que había dejado dormida sobre una cama de plumas allá, lejos, en otra ciudad, en otro tiempo, y estaba tan partido, tan vacío sin aquel otro cuerpo, que se miraba sin reconocerse en el reflejo impertinente del cristal. Detenido el tiempo de verano, cálidos los silencios, frenó su caminar cansado frente a la imagen imperceptible de su soledad, cruzó unas palabras con la mañana, y se giró, nada calmaría su sed que no fueran los besos de su dama lejana, y la sed era tanta como los pasos que lo llevarían a ella. Todo perdió sentido, y todo lo recuperó cuando la decisión tomada desde el corazón se hizo fuerte, y se dirigió, en un susurro, hacia los abrazos cómplices que lo esperaban más allá de la llanura.

La mañana continuó, plácida, jugando con las sombras de los abedules en la plaza del Salvador, siempre con el murmullo de una ciudad que despierta, siempre en verano.

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Sonriendo

Verónica camina despacio. Siempre lo hace. Le gusta ver como el suelo pasa bajo sus pies, como si el mundo entero girara bajo ella. A Verónica le gusta pensar que el mundo participa de todos los pasos de la gente que camina sobre él, y que, finalmente, gira empujado por miles de personas que, como ella, caminan despacio. A Verónica le gusta caminar. Le horroriza viajar amontonada en autobuses sudorosos, prefiere poder oler el jazmín que se le presenta en primavera, el azahar que la rodea al pasar por los jardines cargados de naranjos, le gusta caminar despacio para no dañar con su tic tac el ritmo al que el mundo gira bajo sus pies, Verónica no sabe que alguien la observa cada mañana, mientras ella camina despacio atravesando la plaza del Salvador, no siente los ojos de piedra que, día tras día, se cruzan con ella, al caminar, al mover el mundo, despacio, tic, tac, bajo sus tacones, bajo sus pies. Ella no cree que nadie detenga su vida ni un momento para mirarla, se piensa a si misma como un ser transparente de miradas, que camina despacio, cada mañana, hasta llegar a su pequeña herboristería junto a la Catedral. Se piensa invisible, etérea, a veces, incluso, tienen miedo a evaporarse del mundo y que nadie note su ausencia, por eso Verónica camina despacio, para evitar que un tropiezo la transforme en humo y desaparezca sin un recuerdo. Siempre sonríe mientras camina, por si alguien la mirara algún día la viera sonreír, piensa que la gente que sonríe es más hermosa, otros pueden parecer misteriosos, serios, aburridos, pero si sonríes eres hermoso, le gusta la gente que sonríe cuando camina, los que llevan la mirada entre recuerdos, los que sonríen al azar cuando ven algo hermoso, pero, sobre todo, la sonrisa de la gente que camina despacio para mover el mundo bajo sus pies y sonríe. A Verónica le gustan las sonrisas.

A Sergio le gusta escuchar los pasos de la gente por la mañana, cuando caminan cerca de su puesto de Flores, en la plaza del Salvador. Le gusta el ritmo que marcan sobre el empedrado, los diferentes tonos según la suela del calzado, el rebote sobre las plantas de los pies de las chicas que calzan sandalias, el andar sigiloso de los tímidos, y el ruidoso de los necios, el fuerte chirrido de los tacones de aguja que arañan la tierra, y el amable martilleo de los tacones de Verónica. Sergio no sabe como se llama, no se atrevería a preguntárselo ni en un millón de años, de hecho, para él, solo existe mientras, cada mañana, sonriendo, ella atraviesa la plaza del salvador, siempre con el mismo ritmo, caminando despacio, hasta que la pierde de vista más allá de la calle platerías. Él también le sonríe, pero para ella es como si no existiera, como si solo mirase a los que caminan, como si, aquel rostro inserto dentro del puesto de flores no fuera más que una estatua, con la mirada fija sobre ella, una mirada fría, de piedra, que se pierde tras su caminar tranquilo, cada mañana, hasta la calle platería. A Sergio le gusta escuchar los pasos de la gente, cada mañana, hasta que la vida se hace brusca y el ruido del día tapa y oculta los de los pasos, de la gente, que, tranquila, camina sonriendo y moviendo el mundo bajo sus pies.

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La Culpa

A Sara le pesaban las mañanas como pesan las penas en el alma, como se lastran las anclas de la culpa al fondo del mar del abandono, se sentía como una goleta de rajadas velas que no podía salir del puerto más oscuro, de la noche eterna de sus penas, regalos de culpas que no eran suyas, pero que se le enganchaban al corazón y no le dejaban respirar ni soñar, a veces ni dormir. Las mañanas para Sara eran, tan solo, el despertar a un mundo que le era extraño, levantarse de un lecho que no la acogía para deslizarse entre las sombras a las que el sol no daba cobijo, incapaz de deshacer el hielo con el que la vida cubría sus caricias olvidadas entre nubes y tempestades de pasados que no le dejaban olvidar ni abandonar. Sara tenía que mirar con cuidado al amanecer para no romper en lágrimas, para soportar el peso de una culpa, culpable de querer vivir, de soñar, de tener en las manos un millón de caricias para regalar, culpable de amar, de respirar henchida de pasión, de tener, de nuevo, deseos que creyó muertos al pie de la escalera, Sara era culpable de querer salir, cada mañana, al mundo con una sonrisa nueva en los labios, con la delicada sensación de un beso en su rostro y un suspiro lejano que le llevara aire fresco hasta sus labios, alcancía de susurros donde dejaba la noche roces amables de otros besos, pero Sara era culpable, de tener sed de vida, de desear amparo en las tardes de tormenta, de mirar de cerca, muy de cerca, y por eso había sido castigada.

Sara debía llevar en el alma, para siempre, una pena, una piedra mustia recubierta de fango y lodo, que ensuciaba su mirada con arenosas tristezas y sombras, el juicio había sido rápido, sin defensa, sin cargos, solo había culpa, y la culpa era de Sara, así que ella, silenciosa, la acogió en su pecho y comenzó a caminar despacito para no romper en lágrimas, para no romper en penas, pero, las mañanas, le pesaban como las penas en el alma. Guardó en una caja bajo su cama todos sus deseos, envueltos todos ellos con los paños que un día arroparon su alma, dejó tras los cuadros de su cuarto las imágenes de las pasiones que vivió, ocultas de sus ojos, ahora tristes, y dejó en la cocina, el tiempo de nubes y de almendros que habitó en alma compartida con sueños que no tuvo dormida. Sara escondía cada resquicio de esperanza para que su caminar no la llevara a desear, evitando las puertas que daban salida al mundo, paseando entre las fronteras de la tristeza y la pena calma, el dolor y la soledad, y, sobre todo, la culpa, el lastre de su vida que la arrastraba siempre al fondo de noches de insomnio y tardes de lágrimas e impotencias, se sentía incapaz de soportar tanto peso, se decía a si misma que no podría soportar, de nuevo, tanto dolor, dolor ajeno que le regalaban los demonios de sus pasados.

En un mundo sin paladines, las princesas como Sara se encontraban indefensas ante los juicios sumarios de la culpa.

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Lo que sé de sus besos
es que son cómo fresas
cómo bayas silvestres
cómo trozos de queso
son pequeños tesoros
son los brotes del huerto
son las gotas de lluvia
golpeando en el techo
son la siesta en verano
son mi almohada en su pecho.
Lo que sé de sus besos
es que son como trampas
en caminos estrechos
son puñales y lanzas
son herida y consuelo,
son la rima y la danza
son la canción y el verso.
Lo que sé de sus besos
es que ya no son míos
son del tiempo
del río
son recuerdos
son lentos
son pasado
son eco.

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Universo.

Un universo entero en su mirada
y yo, asomado a sus pupilas
con el alma de puntillas
y la sonrisa empapada
de sus besos
solo me veo en su reflejo.
Abrochado a sus pestañas,
recorriendo sus aromas
cercado por sus susurros
me dejo llevar y me encuentro
con el mar
con la tarde
y con recuerdos me miento.
Ha de llegar la mañana
y agazapado en su pecho
abro los ojos, cobarde
de no hallarla,
del invierno,
de que septiembre no acabe
de que se acaben sus besos.

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La pasión tumultuosa
dejó paso
al amor calmo,
buenos días,
buenos días,
y el olor a mañana
bajo las mantas de sábado
mirándonos de muy cerca
miopes, abrazados,
perezosos del tiempo que no pasa
y se acelera.
Nuestras almas
dobladas en los cajones
en la boca el sabor del otro
el sudor dulce y amargo
respirándonos, a besos
tocándonos, labio a labio.
Levántate, Lázaro
nos espera el café,
de la mano.
Y otra vez nos desayunamos.

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Despierto,
aterrado por el silencio,
que estalla como la mañana,
despacio.
Náufrago en las sábanas,
huérfano de espacios
compartidos.
El almíbar del ayer
empalagoso y espeso
me trae recuerdos dulces
que duelen,
que hieren,
trocando el despertar
en pesadilla.
Pero despierto.
Y su ausencia estalla
como la mañana
despacio.
Recojo mis pedazos
junto a mis calcetines,
cansados
de pasos que no avanzan
de brazos que no abrazan.
Y el silencio,
cómplice, traidor, burlón,
me susurra su falta,
una mano que no toca
una boca
que no besa, una manta
incapaz de calentar
un alma.
Pero despierto.

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Nos hacemos una recreativa IV – la imagen.

Bueno, pues ahora toca dejar la máquina bonita. Para esto tendremos varios elementos, en principio una pieza de polygrass (lo que debería ser metacrilato) de 2,5mm y unos vinilos que pegaremos en los laterales de la máquina, así como en el CPO con los botones y en la marquesina.

Cortar el vinilo ha sido una aventura que no me gustaría repetir ni aconsejar. Si podéis adquirir un cortador de vídrio o bien que os lo corten directamente donde lo compréis, ya que con la sierra de calar, al ser de 2,5mm unas veces lo parte, otras lo funde, con un cutter mejor ni comentarlo, y finalmente, al cortarlo con una dremmel el resultado ha sido algo desigual.

Además, de nuevo, el no haber considerado que la pieza superior donde pondremos todos los botones y la frontal se van a superponer en 16mm (el ancho de la pieza superior) me llevó a calcular mal la pieza de metacrilato que lo cubriría. Para cubrir esta parte de la máquina el plástico en si había dos opciones, bien partirlo en dos trozos y dejar una parte en la superior y otra en la frontal según sus tamaños, o bien hacer una pieza completa y doblar el metacrilato a base de calor. Como lo fácil habría sido lo primero y me fui por la segunda opción, y con mi pistola de calor (un regalo a agradecer) me puse a doblar el Polyglass… y vaya si se dobló, en pocos minutos quedó como un chicle, demasiado maleable, y al endurecerse ha formado alguna burbuja y alguna grieta. Sinceramente, para ser la primera vez que hago esto yo estoy contento, más adelante quizá cambie esta pieza, pero a día de hoy se va a quedar como está.

Los otros dos pedazos de metacrilato irán uno en la marquesina, con un vinilo pegado e iluminado por la parte trasera, y otro sobre el monitor, para protegerlo y además esconder los laterales del mismo, en mi caso con una cartulina negra aunque la gente habitualmente también pone aquí un vinilo.

Además decidí pintar la máquina de negro brillante. Mala idea. La primera mano de imprimación fue bien, luego lijé ligeramente la imprimación y le di una mano de pintura negra brillante para madera en interiores. Tanto la imprimación como la pintura eran al agua, no se si esto habrá influido, o los cuarenta grados de media, pero la pintura tardó varios días en secarse y cualquier dedo que se le ponga encima deja marca. Al menos queda el consuelo de que poca será la superficie pintada que se vea finalmente.

Tanto el mueble como la balda de los altavoces ya pintadas.

Tanto el mueble como la balda de los altavoces ya pintadas.

Sobre los vinilos también hay bastante que contar. Tenía varias ideas para decorar la máquina, primero me habría gustado sobre «La abadía del crimen», el juego de los 90 basado en El Nombre de la Rosa, pero no encontré ninguna imagen digna ni vectorial para poder imprimirla correctamente. Finalmente me decanté por un clásico, Mazinguer Z, del que si pude encontrar muchas imágenes, geniales la mayoría de ellas.

Para la marquesina mezclé varias imágenes vectoriales muy manga de Mazinguer, Afordita A, y los dos primeros enemigos de la serie, junto con un logo de Arcade Z (extraído de ZonaArcade, un diseño de Janibol para una máquina de Zetilla). Para los laterales encontré una imagen que me encantó de Ieco2011 en devianart.com (http://ieko2011.deviantart.com/art/Mazinger-Z-305840498?offset=50#comments).

Además, para los mandos, tuve primero que definir donde irían los mandos y los botones, y una vez enmarcado todo casi correctamente, los diseños quedaron así:

Centro de control, las zonas verdes serán donde situaré los botones y los mandos.

Centro de control, las zonas verdes serán donde situaré los botones y los mandos.

Para hacer correctamente esta plantilla tuve que definir el tamaño de las imágenes, tenerlas a 200ppp y calcular luego correctamente el tamaño y posición de mandos y botones. Esto lo puede hacer gracias, de nuevo, a la información que hay en el foro de ZonaArcade, donde puedes encontrar todo tipo de plantillas y ayudas visuales.

Imagen de marquesina

Imagen de marquesina

Y los laterales, en un estilo mucho más oscuro, me gustó mucho la imagen y como queda adaptada a la forma de la máquina.

Lateral derecho

Lateral derecho

Y ahora a currar de verdad. Toca agujerear el metacrilato, el vinilo y la madera para poner mandos y botones. Con una broca de pala y mucho cuidado, y contando con una inestimable ayuda, fuimos destrozando el material.

Haciendo agujeros

Haciendo agujeros

Y una vez limpito…

El CPO ya completo y límpio, con los botones y los mandos instalados.

El CPO ya completo y limpio, con los botones y los mandos instalados.

Y vamos probando las piezas sobre la máquina, primero el CPO con el monitor

CPO, monitor y vinilos

CPO, monitor y vinilos

Aquí ya hemos instalado los altavoces.

Máquina con frontal decorado.

Máquina con frontal decorado.

Ya casi la tenemos. Ahora nos queda organizar un poco toda la instalación eléctrica trasera y conectar el ordenador con el monitor, mandos, botones, amplificador etc:

Equipo al completo

Equipo al completo

Para terminar la máquina, pondremos los vinilos laterales y una moldura en forma de U para los cantos, y como decían en «el precio justo» A jugaaaar….

Casi terminada por completo

Casi terminada por completo

Funcionando y con la marquesina iluminada

Funcionando y con la marquesina iluminada

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Nos hacemos una recreativa III – La electrónica

Una vez encauzado el mueble de mi flamante recreativa (WeeCade, Bartop, como queramos llamarla) tocaba comenzar a pensar en sus tripas. Aquí hay dos ramas en las que centrarse, por un lado el hardware informático que íbamos a precisar y por otro cómo alimentar dicho hardware.

En cuanto al «cerebro de la bestia» lo tuve claro desde el principio. Mucha gente utiliza ordenadores «viejos» (pentium IV, por ejemplo) que pueden encontrarse muy bien de precio de segunda mano, yo quería aquí utilizar un Raspberry Pi B. ¿Qué es esto?, bueno, pues es un mini-ordenador creado a efectos de formación que lleva un procesador ARM a 700MHz (puede llegar a 1GHz haciendo Overclock), 512Mb de ram y funciona con una tarjeta SDHC como disco duro. Además tiene salida de vídeo en HDMI, salida de Audio, dos puertos USB, un conector ARJ y se alimenta desde un micro-usb con una entrada de 5v. Es tan pequeño como una tarjeta de crédito y funciona sobre sistema operativo Linux sin ningún problema. Además puedes instalarle una distribución ya pensada para emular máquinas recreativas y otras consolas llamada PiMame. Este mini-ordenador tiene un precio aproximado de 32 euros, y lo puedes comprar sobre todo en tiendas de electrónica o en Amazón.

Rasberry Pi B version 2

Rasberry Pi B version 2

Además, en un principio, tenía pensado reutilizar un monitor de 15″ de un ordenador portátil viejo que tenía por ahí desguazado. Para poder utilizar el monitor compré en AlliExpress una tarjeta que me permitía dotar a la pantalla del portátil de una entrada VGA y de un pequeño panel de control para manejar los parámetros de la misma, pero cuando comencé a construir del mueble encontré un monitor de 19″ de segunda mano en formato 4:3 que era perfecto para la máquina… quizá incluso un poco grande, puesto que me costó mucho encastrarlo y dejaba tan sólo 2,5cm por cada lado, pero bueno, mereció la pena. El coste del monitor fue de 28€.

Ahora bien, mientras que con el adaptador para el monitor tan sólo necesitaba una alimentación de 12V (y 4A) y dicha alimentación podría sacarla de una fuente de alimentación normal de PC, con un monitor ya tenía que pensar como introducir una regleta de enchufes en la máquina, puesto que el monitor lleva su propio transformador. Además, puesto que el monitor no llevaba entrada HDMI, que es la salida de vídeo que me daba el Raspberry Pi, necesité un adaptador HDMI – VGA que me costó otros 10€.

Ya tenía ordenador y monitor, me faltaban los altavoces y quien le diera potencia a todo esto.

Para el sonido desmonté una antigua cadena de música que no utilizaba y saqué los altavoces de sus cajas. Pensaba también utilizar la mini-cadena como amplificador, pero era muy engorroso y la disposición de las placas era incómoda para poder introducirla en la máquina, así que compré vía Amazon un pequeño amplificador (19€) alimentado por 12V (de modo que la alimentación podría sacarla de la fuente de alimentación del PC) que me daría 20W de potencia a los altavoces, más que suficiente.

Amplificador para el sonido.

Amplificador para el sonido.

Bien, pues ya tengo el equipo de imagen, de sonido y el ordenador central, pero me falta uno de los detalles más importantes, los botones y los mandos para el control de la recreativa. Este es uno de los elementos más caros y en los que más dudas tuve. Además, el fabricar la máquina en el mes de Agosto implicó que muchas de las tiendas OnLine que venden este material estaban cerradas y no servían hasta septiembre, y como la paciencia no es uno de mis atributos más destacables finalmente los adquirí por EBay a una tienda francesa, que en unos días me envió el kit completo.

Botones, mandos y esquemas.

Botones, mandos y esquemas.

Encontré botones y mandos en AlliExpress, pero los gastos de envío encarecían el coste tanto que no merecía la pena estar esperando un mes completo para su recepción, además en España hay muchas tiendas con material, y tampoco es tanta la diferencia de precio. Los mandos, unos zippy, están preparados para ser insertados en CPO de madera (la que yo compré tiene 16mm de ancho) por lo que la longitud del mando es mayor que lo normal, y esto permite no tener que rebajar la madera para fijar los mandos. Los botones son de tipo japones, se diferencian del americano en que no son de formas cóncavas y que llevan los micro-swichts integrados en el botón. Lo bueno son más cortos, lo malo si se estropea un botón hay que cambiarlo completo. El coste de dos mandos, dieciséis botones y los botones de un jugador y dos jugadores, junto con la placa de control y el cableado, fue de 43 euros, más 7 euros de gastos de envío desde Francia.

El sistema para conectar los botones y los mandos al ordenador es una placa con una salida USB donde van conectados todos los mandos y que se identifica al ordenador como dos joystick. Este es el meollo de la cuestión. Revisando por Internet encontré que hay gente que se hace sus propios interfaces paralelos (IPP’s), otros que utilizan la circuitería de un teclado Usb haciendo un hack, pero esto implica que haya un máximo de teclas pulsadas y que se alcancen con facilidad entre los mandos y los botones.

Cables, placa y conector usb para 2 jugadores

Cables, placa y conector usb para 2 jugadores

Este es el elemento más caro del pedido de botones, y puede costar más de veinte euros, pero es fundamental para no complicarte la vida y poder conectar los mandos y los botones a cualquier PC, funcionando además tanto sobre Windows como sobre Linux.

Ya lo tengo todo (me falta la luz de la marquesina, pero no merece ni nombrarse, es un fluorescente comprado en los chinos de la esquina, y que irá enchufado directamente a la regleta), y ahora me toca darle alimentación. Para ello voy a utilizar una fuente de alimentación de un PC viejo. Esta fuente me permite obtener, además de otros voltajes, 5V y 12V sin problemas, que son los que necesito para alimentar el Raspberry Pi y el amplificador. Dichas salidas las obtendré de uno de los mollex (esos conectores blancos de la fuente de alimentación que se utilizan en los discos duros y otros dispositivos) pensando siempre que el cable negro es masa, los cables amarillos 12V y los cables rojos 5V.

Para alimentar el monitor y la luz voy a necesitar una regleta. Esta es una regleta paralela que he comprado en LM, de tres enchufes y que viene sin cable. Para alimentar la regleta extraigo de la fuente de alimentación un empalme de los cables de entrada a la misma (justo tras el interruptor de la propia fuente) que van a 220V, y saco dichos cables a través de un orificio en el lateral de la fuente. Ahora bien, y esto lo he aprendido en los foros que os indiqué en el primer post, para que la regleta no esté alimentada continuamente, si no que se encienda tan sólo cuando encendamos el equipo, vamos a ponerle un relé que sustituya el interruptor de la regleta. Este relé, alimentado por una de las salidas de 12V de la fuente de alimentación, se activará únicamente cuando la fuente esté encendida y será entonces cuando permita que la regleta esté alimentada.

Rele finder 40.31 de 12V y un circuito

Rele finder 40.31 de 12V y un circuito

He instalado el relé directamente dentro de la regleta, sustituyendo el interruptor de la misma que he aprovechado como interruptor general del sistema como si fuera el botón de encendido del Pc. Esto se hace puenteando el cable verde (Ps-On) del conector grande, que iría a la placa del Pc con cualquier cable negro de la misma placa a través del interruptor.

Detalle de la fuente de alimentación y reglega con relé.

Detalle de la fuente de alimentación y reglega con relé.

Además, por si más tarde necesito alimentar algún otro dispositivo de 5v, he comprado una placa y unos conectores USB hembra. Los he soldado en dicha placa y los he conectado en serie mediante cables a la toma de 5V de la fuente. Con esto tengo la alimentación del Raspberry Pi a través de un cable Usb-microUsb y además otros tres conectores USB de 5V por si más tarde necesito alimentar algún otro dispositivo (por ejemplo un ventilador).

Detalle de placa con USB hembras

Detalle de placa con USB hembras

Por último, y gracias a que el amplificador llevaba en su caja un cable con clavija para alimentarlo, de la misma conexión de la que alimento el relé tomo otros dos cables para alimentar con 12V el amplificador. Tanto aquí como en los conectores USB tuve que tener cuidado con la polaridad, que comprobé con mi flamante multímetro del Lidl (discreto él como puede verse al fondo). Además de comprobar las polaridades, hice lo propio con los voltajes tanto de los Usb como del amplificador y la regleta, y pude realizar una prueba de arrancado general que, en lugar de salir ardiendo como era de esperar, funcionó correctamente a la primera.

Arrancó todo a la primera.

Arrancó todo a la primera.

Y así queda la instalación completa poco más o menos.

Instalación completa

Instalación completa

Pues ahora queda personalizar y pintar el mueble, pero eso es otra historia…

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Nos hacemos una recreativa II – El mueble

Como esto era lo que más complicado veía me decidí a hacerlo en primer lugar. Así, si comprobaba que era incapaz de terminarlo no me metería en más gastos ni más problemas. Lo primero fue decidir el material. Con mi extenso conocimiento en maderas nobles y otros polímeros, me dirigí al Leroy Merlin más cercano tras hacer un breve diseño de como podía cortar la madera que comprara. Por precio (sobre todo) y por resistencia me decidí por comprar DM de 16 mm, que parecía un producto asequible y fácil de manipular.

La idea era seguir los planos que había obtenido al pie de la letra, por tanto no iba a cambiar el tamaño de la máquina. Aquí cometí dos errores: el primero no haber ensanchado la máquina a 50cm en lugar de los 45cm de los planos, ya que el coste habría sido el mismo y habría tenido más sitio para los materiales que posteriormente tendré que introducir en la máquina, y el segundo no revisar bien los planos a la hora de poner los listones, ya que los planos están pensados para una madera de 10mm de ancho y la que utilicé fue de 16mm, lo que conllevó un par de problemas que os contaré más adelante.

Bien, pues ya en la tienda compré medio tablero de DM (un tablero completo es de 2.440mm x 1220mm, da para hacer dos máquinas) por 12,48€, un listón de madera de Samba de 15x15x2400mm (2,30€) y una pieza de metacrilato (en realidad Ecoglass) de 1×0.8m y 2,5mm de grosor (13,10€). El metacrilato lo usaré posteriormente para cubrir la pieza de los mandos y botones, para cubrir el monitor y para la marquesina superior de la máquina.

Además, y fuera del presupuesto, compré una broca de pala para madera de 28mm para hacer los agujeros de los mandos y los botones (3€), una broca de avellanar para los tornillos (6€, un robo, posteriormente compré un juego completo en lidl por 5€), unas pinzas de sujeción tipo sargentas, tornillos a granel y un par de hojas de sierra para cortes curvos (3,10€).

Y todo preparado para comenzar a currar:

Herramientas y planos

Todo preparado para empezar

 En el servicio de corte de madera de LM no te hacen cortes inferiores a 25cm por cuestiones de seguridad. Por tanto, de mi despiece, les pedí que me hicieran del medio tablero dos cortes, uno de 45cm (la verdad es que lo debería haber hecho de 50cm) y otro de 50cm. Del primero, además, pedí me cortasen las piezas grandes, como serían la trasera y la pieza de abajo de la máquina, y un bloque con la pieza superior y la de los altavoces. En la pieza de 50cm pedí un corte para sacar la pieza de soporte del monitor, mandos superior y mandos frontal. El resto de la pieza de 50cm lo utilizaría para sacar los laterales. Aún con todo esto me sobró un trozo del que pude sacar alguna pieza de repuesto y sobre el que pude hacer las pruebas de corte.

Comenzando a cortar

Comenzando a cortar

Aunque en la imagen no se aprecia muy bien, ya estaban dibujados los dos laterales para su corte, basándome en los planos de la WeeCade. Las primeras pruebas de corte con mi sierra de calar fueron… como describirlas… funestas. La máquina, un cacharro de 1.000ptas más que cortar mordía, además los dientes de la sierra apuntaban hacia abajo, de modo que la sierra se levantaba a la hora de cortar y para empezar cualquier corte me destrozaba el lateral de la pieza. Menos mal que un amigo tenía una sierra digna (mil gracias Uge) y pude comenzar a cortar con más dignidad.

Lo primero que aprendí es que la sierra ha de ir a su ritmo. Si forzaba el corte empujando la sierra no había manera de seguir una línea recta, si la velocidad de corte era excesiva tres cuartos de lo mismo, así que, tras múltiples pruebas y alguna cagada parece que los cortes rectos no se me daban demasiado mal, aunque el DM es un material duro. Ahora bien, los cortes curvos son otra historia. Pese a que utilicé una hoja para cortes curvos (más pequeña y fina que las de corte recto) mi falta de destreza con la sierra me hizo pasarlas canutas, y el corte quedaba ligeramente ladeado en lugar de completamente vertical, nada que la lijadora, la paciencia y un cubre cantos no pueda disimular.

Piezas rectas ya cortadas

Piezas rectas ya cortadas

En la imagen superior vemos las piezas rectangulares ya cortadas, y el tablero sobrante en el que me dediqué a hacer pruebas de corte curvo.

Aquí vemos ya todas las piezas cortadas:

Despiece completo

Despiece completo

Una vez todo cortado me dediqué, siguiendo a pies juntillas los diseños, a poner los listones para unir las piezas. Aquí, al no considerar el ancho de la madera, cometí un par de fallos que más tarde tuve que rectificar, y terminé también eliminando los listones del CPO (la parte donde estarán todos los botones y los mandos) puesto que para permitir que se abriera y se cerrara lo fijé con un sistema de cierres y muelles. Aquí los cortes de los listones:

Los listones ya cortados y preparados.

Los listones ya cortados y preparados.

Para fijar los listones a las piezas utilicé tirafondos (tipo bricomanía) y realicé taladros en los listones con la broca de avellanar, de modo que las cabezas de los tirafondos no sobresalieran. La verdad queda muy limpio… ¡¡yo que creía que avellanar era llenar un campo de avellanos!!. Una de las cosas que no hice fueron los agujeros laterales para botones, puesto que no me gustan los juegos de pinball y no los consideré útiles.

Primer paso

Primer montaje, laterales e inferior.

Aquí ya se pueden ver las primeras meteduras de pata. Los listones sobre los que apoyaría el soporte del monitor los puse respecto a las especificaciones de los planos, pero como el monitor que finalmente instalé fue de 19″ tuve que modificar la localización del mismo para que encajara bien. Además, los listones para la puerta trasera también los he eliminado, puesto que tengo intención de poner una bisagra y unos cierres con ruedas para poder abrir la puerta sin dificultad.

Laterales con superior e inferior

Laterales con superior e inferior

Ya va tomado cuerpo

Con superior, inferior, monitor y CPO.

Con superior, inferior, monitor y CPO.

Otro error ha sido el CPO. No consideré que en los planos, la medida del mismo no incluye los 16mm de ancho de la pieza superior, y ha quedado un poco grande dejando poco sitio con respecto a  los laterales. Además esto me dio problemas con el metacrilato y el vinilo, pero esto lo contaré más adelante.

Montaje completo

Montaje completo

Una vez modificados los listones del monitor y tras hacer mil pruebas, pude posicionarlo correctamente para que se viera completo entre el CPO inferior y la tabla de los altavoces de la marquesina.

Bien, pues con esto, y por el momento, el mueble estaba terminado. Ahora tocaba dedicarse a la electricidad y la electrónica mientras recibía el pedido con los mandos y diseñaba los vinilos para la máquina.

Seguimos en breve.

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