El aquelarre

Publicado por garvidal el


Sus pies desnudos sobre la hierba fresca eran la única bandera que necesitaba Adoración. Aquel jardín era su reino, la tierra amamantada de lluvia, el suelo que nutre la vida a su alrededor, la evocadora nostalgia que destilan las fuentes y su constante parloteo. La tormenta había cesado y todo volvía a la vida, el gorjeo de las aves, el zigzagueo del viento entre la hojarasca, la tímida luz que se arrojaba a tierra entre las nubes recién paridas. El aroma a tierra mojada la perfumó y se hizo voz su chapoteo sobre los charcos cuando tomó el sendero que la llevaría hasta la aldea. Trotaban tras ella los fantasmas de los miedos nacidos de los relámpagos, ya desprendidos de su piel herida y de su mano pendía una maleta repleta con todos los vacíos que se permitió llevar con ella. El camino la condujo, rodeada de troncos huecos, a través de un bosque caduco que mermaba hasta las primeras casas semiderruidas de la aldea. Por los huecos de las ventanas y las grietas de los muros asomaban los rostros curiosos de los retratos de los que un día fueron sus habitantes y cuyos cuerpos llevaban años secos bajo la tierra. Ella los llamaba por sus nombres con la voz del trino de un gorrión, pero eran pinturas sordas en lienzos secos y ninguno contestó. En la plaza bailaban en círculo las primeras brujas, desnudas y hermosas, de miradas negras, en un aquelarre enloquecido y salvaje. Sus cuerpos, magullados, habían huido de los hombres de manos grandes y corazones secos, de los hombres de miradas de cordero y dientes de lobo que habían desgarrado sus almas. Adoración se unió a su danza con la piel hecha jirones. Se tomaron de las manos y el dolor pasó de una a otra transformándose en un grito de rabia que provocó la desbandada de los cuervos que las miraban desde los aleros de los tejados, hundidos como golpes en la espalda. Bailaron toda la noche y, antes del amanecer Adoración regresó pesarosa y cansada a su jardín. Allí la tierra se abrió de nuevo para acogerla en su tumba muda para volver a la eterna pesadilla de una justicia que nunca llega.

Categorías: Microrrelato

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