Flor de loto

Publicado por garvidal en

La encontré sentada en el suelo, en la posición del loto, descalza, con los ojos cerrados y las manos sobre sus muslos con las palmas vueltas hacia arriba. Vestía uno de esos pantalones anchos que aparentan ser cómodos y una camiseta que transparentaba levemente sus pechos. El cabello, recogido en una trenza que se enrollaba alrededor de su frente como una escalera infinita como el tiempo, que se detenía al acercarse a ella, girando en una estola vaporosa que se deshilachaba en torno a su cuerpo. Si te quedabas en silencio podías escuchar el lento latir de su corazón, similar a un tambor lejano y apreciar el aroma a sándalo que inundaba la estancia. Me sentí un intruso en aquel lugar. Yo no era nada dado a la meditación, ni mucho menos al yoga o a todo aquel mundo de las paraciencias y las creencias ancestrales. Para mí, todo lo que quedara fuera del conocimiento humano era, tan solo, charlatanería. Ni dios, ni alma, ni karma, solo animales evolucionados por quién sabe qué fallos en la herencia genética de nuestros ancestros que, alimentados por proteínas y azúcares, desarrollaron conciencia de sí mismos a través de un cerebro más complejo que el del resto de los mamíferos. Ninguna magia que no fuera el paso del tiempo, ningún Dios que nos hiciera a su imagen y semejanza, solo monos que perdieron el pelo y se irguieron sobre sus patas traseras. Pero, al verla allí, como un tótem, en comunión con un mundo invisible a mis ojos, me hizo tambalear del pedestal agnóstico en el que siempre me había sentido cómodo. Quizá no había Dios, pero si diosas. Abrió los ojos y me miró. Sentí que me observaba viendo a través de mí, como si fuera transparente para ella. Sonrió levemente y me preguntó:

—Hola, ¿querías algo?

¡Claro que quería algo! Se me atropellaron las peticiones en el alma, los deseos, los ruegos, la necesidad de creer, de tener fe, de saber más sobre aquel mundo en el que acababa de hollar. Respiré, me concentré y, volviendo a la realidad, le dije:

—Hola. Soy el de la caldera. Vengo a hacerte la revisión.

Categorías: Microrrelato

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