La siesta de verano

Publicado por garvidal el


No era habitual, pero aquella tarde no se escuchaba el trino de los pájaros del bosque tras la verja del jardín. Las hojas de los chopos, habitualmente charlatanas, también estaban extrañamente calladas, como si el viento que las afinaba se hubiera vuelto perezoso. Ni tan siquiera el río chasqueaba sobre las rocas, sino que se lanzaba manso a la orilla a lamerla y acariciarla. El silencio era cómplice de la melancolía tanto como la lluvia lo era de la tristeza. Ella se desembarazó del opresivo abrazo de la somnolencia que la retenía sobre el sofá y caminó descalza hasta la puerta del jardín, sintiendo el frío mármol bajo sus pies. Al atravesar el dintel y pisar la verde pradera, salpicada de flores silvestres, su mente se hizo verano. Inspiró lentamente el aroma de la tarde recién bordada y, como las hojas de un libro nuevo, se le llenó el pecho de historias tan solo hilvanadas. Un ramillete de manzanilla le guiñaba sus pétalos junto a la fuente a la que, horas más tarde, acudirían los gorriones a bañarse y beber, y en un rosal cercano marchitaban las flores que habían brotado esa misma mañana perladas de rocío. Se sentó sobre la hierba, abrazada a sus rodillas desnudas y jugueteando con las hebras verdes entre los dedos de sus pies. La humedad del suelo la envolvía en espiral huyendo a las nubes escasas y una anarquía de aromas se posaba sobre ella. Cerró los ojos intentando sentir el paso del tiempo sobre su piel, la muerte y la vida de sus células que la repoblaban una y otra vez y la estampida de su sangre en las sienes recorriendo su cuerpo como un circuito infinito. Los tábanos zumbaban agresivos y los cencerros de algún rebaño cercano campaneaban sin ritmo. Posó las palmas de sus manos también sobre el suelo y, como una pantera, se puso en pie de un salto y corrió hacia la espesura del bosque tan rápido como pudo. De su espalda brotaron dos alas de mariposa de papel maché con brillos celestes que se abrieron alzando el vuelo en dirección al sol. Mientras, su cuerpo dormido seguía sobre el sofá del salón enredado en la siesta de aquella tarde de verano.

Categorías: Microrrelato

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