Las manos aladas de Dorotea

Publicado por garvidal el


Dorotea escribió su carta de despedida una hora y veinte minutos antes de transformarse en vapor de agua y desparecer. Lo hizo sentada tras el vetusto escritorio de roble en el que su padre había pasado la vida trabajando. Ahora que él ya no estaba, aquella mole de madera había quedado desierta de papeles, plumas y tinteros. Era como una balsa enorme en la que ella se sentía a la deriva. Encendió una cerilla y calentó ligeramente el lacre rojizo cuyas gotas, como si fuera su propia sangre, mancharon el inmaculado sobre justo por su cierre. Después tomó el sello familiar, que presentaba una mano alada con una espada desenvainada sobre una torre, y apretándolo contra el lacre todavía caliente marcó la imagen invertida. Se quedó observando aquella mano alada. Siempre le había contado que aquel emblema provenía de un antepasado llamado Manuel de Torres, abuelo de su abuelo, que gustaba de desplegar sus alas las noches de San Juan y sobrevolar sus dominios buscando jóvenes sobre las que ejercer su derecho de pernada. A los hombres de su familia siempre les habían gustado las mujeres jóvenes, bien lo sabía ella, bien lo sabían su cuerpo roto y su alma quebrada.Desde aquel despacho se escuchaba el rumor de las voces que rezaban sibilinas en la capilla que su madre había montado en el salón grande para velar el cadáver de su padre. Rodeado de velas, el féretro, abierto, contenía el vacío cuerpo de Manuel de Torres y Córdoba, con el rictus serio que siempre había tenido y las manos depositadas sobre el pecho. Si Dorotea lo había temido en vida ahora entraba en pánico con solo con pensar acercarse a aquella caja también tallada en madera de roble. Dos ataúdes en la misma casa. Cuando tiempo atrás falleció su abuelo ella había sentido una infinita paz, que había durado tan solo el tiempo que su padre tardó en tomar su relevo. La primera noche se prometió que, esta vez, no esperaría tanto. Dejó la carta junto a la pequeña botella de cicuta, abrió la ventana y comenzando por las lágrimas que caían de sus ojos, se transformó en vapor de agua y fue arrastrada fuera de sí por el viento.

Categorías: Microrrelato

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