Vela de armas

Publicado por garvidal en

Veló armas toda la noche, arrugada en aquel sillón sobre el que era imposible descansar y, con el amanecer, llegó el miedo. Los pasillos de los hospitales, en los que durante la madrugada solo habitan los fantasmas que peregrinan entre la vida y la muerte, comenzaron a arder con el impertinente desembarco del turno de mañana que, ignorantes del delgado velo que separa ambos mundos, borraban las voces quedas de la noche con sus roncos bostezos y sus monótonas charlas, provocando ese aciago despertar que vaticina un nuevo día y cuya carga insuperable arrastra a las almas dormidas a la barca de Caronte. El sonido rencoroso de los molinillos de las máquinas de café rasgaba las últimas pesadillas, aquellas que no se tienen dormido y que vaticinan, a nuestro pesar, un futuro incierto; y los enfermos, algunos insomnes por miedo al sueño eterno, desperezaban sus esperanzas de ver un nuevo amanecer en el que, quizá, la balanza se inclinara de un lado u otro. Ella lo miró y allí estaba él, sobre la cama, como si lo hubieran pintado en un lienzo de algodón. Se detuvo a observar si aquel pecho, al que tantas veces había estado abrazada, ascendía y descendía dando fe de vida, con el manso respirar del que reposa. Tomó su mano y la reconoció caliente y áspera, pero falta de vida, sin respuesta a la caricia, anestesiada de cariño. Recogió velas para que las lágrimas no brotaran incontrolables, aunque alguna se deslizó sobre su mejilla dejándose el alma en su camino. Los dolientes vecinos, perdida la intimidad, también comenzaban a despertar, enmarañados entre sábanas vetustas con cenefas de hospital. Las cisternas se vaciaban como cascadas, raspaban los cepillos las dentaduras, los carros cargados de bandejas azules llenaban los pasillos, ahora transitados como autovías de transeúntes blancos. Pero toda aquella vida le era ajena, todas esas hormigas que contemplaba desde la ventana de la habitación eran un decorado de aquella vida suya que, puesta en pausa, solo sucedía de hora en hora mientras quedara aliento.  

Categorías: Microrrelato

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