La siesta en el patio
Sumergió sus manos en el agua fría del cubo que un instante antes había depositado sobre el brocal del pozo. El juguetón chapoteo rompió la tersura de la hora de la siesta que habitaba en el patio de la casa. Leer más
Sumergió sus manos en el agua fría del cubo que un instante antes había depositado sobre el brocal del pozo. El juguetón chapoteo rompió la tersura de la hora de la siesta que habitaba en el patio de la casa. Leer más
El corolario de su vida decía que la melancolía era la consecuencia última de una tristeza infinita. Su corazón era un acerico encarnado rebozado de alfileres que palpitaba bruma y sus pulmones alcancías de ahogos, fuelles desgastados que silbaban sollozos. Leer más
La decisión estaba tomada de antemano. Silvia se dio cuenta de que su vida era una margarita con un solo pétalo, una carretera de sentido único sin cruces ni desvíos. Dejó la pluma, seca y muerta, sobre la mesa, cerró Leer más
Sus pies desnudos sobre la hierba fresca eran la única bandera que necesitaba Adoración. Aquel jardín era su reino, la tierra amamantada de lluvia, el suelo que nutre la vida a su alrededor, la evocadora nostalgia que destilan las fuentes Leer más
Sentada bajo el sol de inverno, a medio día, con los ojos cerrados, las manos sobre las piernas y las palmas hacia arriba como si estuviera esperando recibir un regalo, la abuela pasa aquellos días de febrero, tan azules, mientras Leer más
No era habitual, pero aquella tarde no se escuchaba el trino de los pájaros del bosque tras la verja del jardín. Las hojas de los chopos, habitualmente charlatanas, también estaban extrañamente calladas, como si el viento que las afinaba se Leer más
Dorotea escribió su carta de despedida una hora y veinte minutos antes de transformarse en vapor de agua y desparecer. Lo hizo sentada tras el vetusto escritorio de roble en el que su padre había pasado la vida trabajando. Ahora Leer más
Aquella tarde, Edurne no salió de casa como era su costumbre. Petra, la conductora del autobús de la línea B2 la echó en falta en la parada frente al kiosco. Para ella Edurne era la señora discreta de los zapatos Leer más
Habitan en Villa Isabel fantasmas tan ancianos que no recuerdan haber estado sometidos a un cuerpo físico, desaparecido éste en el polvo que deja el tiempo sobre la memoria. Recorren las estancias, como fantasmas viejos que son, cubiertos de sábanas Leer más
De todas las lágrimas vertidas, las de Dalila fueron las más amargas. Eran aquellas lágrimas sordas, de las que se deslizan por el rostro dejando un surco brillante hasta lanzarse en picado, lágrimas brillantes y silentes, de dolor destilado, que Leer más